Hoy he aprendido que:
En Nicaragua, la comunidad sorda emplea el Idioma de Señas Nicaragüense (ISN) para comunicarse. El ISN tiene una historia muy especial: lo inventaron niños de primaria.
En 1977 se fundó en Managua la primera escuela para niños sordos, que se expandió en 1980 también a adolescentes. Los profesores no eran sordos y trataban de enseñar hablando en español, esperando que los niños aprendieran a leer los labios. El éxito de esta estrategia era más bien escaso.
Lo importante es que este espacio permitió que por primera vez niños sordos —que en la mayoría de casos provenían de familias no sordas y que por tanto crecían aislados y sin contacto con otras personas sordas— interactuaran entre sí. El resultado fue que los alumnos empezaron a crear una forma de comunicarse entre sí mediante gestos, que con cada oleada de niños que entraban en la escuela se iba afinando y estabilizando, hasta el punto de permitir formalizar una lengua de signos. Esta es ahora la lengua de signos oficialmente reconocida en Nicaragua, sistematizada en diccionarios y actualmente usada por una comunidad de 3000 “hablantes“.
Esto es fascinante porque evidencia la capacidad de innovación cultural de los niños y adolescentes, así como la autonomía y agencia en específico también de los peques discas. Agencia no para crear cualquier cosa, sino para crear algo que a su vez les va a dotar de mayor autonomía: la pertenencia a una comunidad lingüística y cultural propia.